sábado, 9 de marzo de 2013


LA SANTÍSIMA VIRGEN ES CORREDENTORA
JUAN GUSTAVO RUIZ RUIZ
SECCIÓN: 
MARIA EN LA DOCTRINA CATÓLICA

María verdaderamente ha redimido a todos los hombres y se le puede llamar Corredentora del género humano.
El título de Corredentora, que viene aplicándose a la Virgen desde antiguo, aparece con más claridad y mayor frecuencia en el Magisterio reciente, desde el Papa Pío IX hasta Juan Pablo II en su Encíclica Redemptoris Mater.
Virgen María puede llamarse con propiedad Corredentora en virtud del designio divino de asociarla plenamente a la Persona y a la Obra redentora de su Hijo.
María cooperó a nuestra redención: lo) creyendo en las palabras del Arcángel Gabriel; 2o) consintiendo libremente en el misterio de la Encarnación; 3o) aceptando todos los sufrimientos que entrañaban, para su Hijo y para Ella, los dolores de la Cruz, 4o) porque abdicó de sus derechos de Madre; 5o) porque inmoló a su Hijo ofreciéndolo voluntariamente por la salvación de los hombres.
De este modo – por la asociación tan íntima como misteriosa a la obra salvífica de su Hijo – puede afirmarse que Ella verdaderamente ha redimido a todos los hombres y se le puede llamar Corredentora del género humano.
La unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte. El Concilio Vaticano II señala los siguientes momentos característicos: lo) En la Visitación; 2o) en la Natividad (también junto a los pastores y los magos); 3o) en el Templo (ante el, anciano Simeón); 4o) otra vez en el Templo Jesús perdido y hallado); 5o) en Caná de Galilea (las bodas); 6o) en el decurso de la predicación del Señor; 7o) al pié de la Cruz y, 8o) desde la Asunción a los cielos (cfr. Const. dogm. Lumen gentium, nn.57?58).
SENTIDO DE LA CORREDENCIÓN MARIANA
Para poder afirmar correctamente la corredención mariana debe entenderse ésta como una función subordinada, especial y extraordinaria de la Virgen en la obra salvadora de su Hijo. Bien entendido esto se puede decir que aún siendo Cristo el único Mediador, no obsta el que haya otros mediadores con mediación secundaria subordinada a la de Cristo (cfr.S. Th. III, q.26, a.1).
"La Iglesia sabe y enseña con San Pablo que uno solo es nuestro Mediador Tim. 2,5?6) … Ahora bien, la misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder, es mediación de Cristo … El influjo salvífico de la Santísima Virgen sobre los hombres dimana del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo; se apoya en la mediación de éste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta… Por tanto, se trata de una participación de la única fuente que es la mediación de Cristo mismo" (Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, n.38).
Los teólogos ilustran el misterio de la corredención del siguiente modo:
Si la Virgen María fue predestinada por Dios libremente para que constituyera juntamente con su Hijo un solo principio de salvación, de reparación del género humano, entonces, en el momento de la Anunciación, el término inmediato del consentimiento de María no era solamente Cristo en sí mismo, sino Cristo como Redentor y Cabeza del género humano.
Ahora bien, según los designios de Dios, la Redención debía llevarse a cabo mediante la Pasión y muerte de Cristo en la Cruz; así también, la asociación de María a la obra del Hijo debía completarse mediante su compasión en el Calvario. Por tanto, si Cristo reparó al género humano mediante su obra de Redención, también la Virgen María asociada estrechamente, llevó a cabo juntamente con Cristo y con subordinación a El y con virtud recibida de Él, la obra de la Redención.

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