VIRTUDES HUMANAS
Los
actos moralmente buenos producen como fruto las virtudes humanas. Estas son disposiciones estables de nuestro
entendimiento y actitudes firmes de nuestra voluntad, que regulan nuestras
pasiones y ordenan nuestra conducta
conforme al llamado amoroso que nos hace Cristo Jesús.
Por
desempeñar una tarea básica tan básica en nuestra vida espiritual, la iglesia
llama “cardinales” a las siguientes
cuatro virtudes:
PRUDENCIA: guía la conciencia en
su juicio y es la recta de la acción, como la llama Santo Tomás; nos mueve a discernir en toda ocasión cuál es
nuestro verdadero bien para así elegir los medios más apropiados para
alcanzarlo.
JUSTICA: nos llena de una
firme voluntad de dar a Dios y al
prójimo lo que les es debido.
FORTALEZA: modera la atracción
que sentimos por los placeres, nos hace
sobrios en nuestra manera de vivir, alejándonos así
de vicios y de conductas cuando menos ridículas. Las anteriores cuatro virtudes
morales se adquieren a través de un esfuerzo humano, con la ayuda del Espíritu
Santo.
LAS VIRTUDES TEOLOGALES
Se llaman teologales por tener como origen y fin a Dios mismo. Son garantía
de la acción del Espíritu Santo en nosotros, pues es EL quien nos las infunde para
hacernos capaces de actuar siempre como hijos de Dios y así llegar al Reino de
los cielos. Crecen en nosotros cuando practicamos buenas obras.
FE: es un don de Dios, un regalo que nos hace sin que hayamos
hecho méritos para merecerlo. “Creer es un acto del entendimiento, que asiente
a la verdad divina por el imperio de la voluntad movida por Dios mediante la
gracia” (Tomás de Aquino). Por la fe creemos
en Dios y en todo lo que Él nos
ha revelado en las sagradas Escrituras y a través de la iglesia.
ESPERANZA: es el anhelo de felicidad puesto por Dios en
el corazón de todo hombre: nos da
fuerzas en nuestros desalientos para no dejarnos sucumbir.
CARIDAD: es la virtud que nos permite amar a Dios sobre todas las cosas,
y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, por amor de Dios. San Pablo así
la describe en su carta a los corintios
(1 Co 13.4-7): “El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere
aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza ni busca su propio
interés. El amor no se deja llevar por la ira sino que olvida las ofensas y
perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree, todo
lo espera y todo lo soporta".

